Escritoreando

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Sudar sin haber follado

El sonido del ambientador empolva la nariz del muchacho. No es cocacína, es vainilla. Con las piernas completamente en vertical se encuentra Apolo ante su primer día como jefe, como ejecutivo y único socio de su negocio. Triste autónomo sin chaleco salvavidas bajo un trabajo familiar, una pequeña inmobiliaria escondida detrás de un monitor de 21 pulgadas. Camisa nueva pero de segunda mano. La billetera está vacía y únicamente dispone de un par de puros Montecristo para demostrar que es un empresario.

Son las 08:00 de la mañana y el chaval (hombre para los que fueron a la mili) de 29 años está a punto de contratar a una pareja para expandir el imperio. La tarea consiste en repartir exactamente 50.000 papeletas con el eslogan de “tu hogar, a tu alcance”. El problema es que al chico se lo van a follar vivo. No sabe todavía señalar con el dedo. Ni siquiera se plantea la posibilidad de pegar un puñetazo en la mesa cuando los números no cuadren.

Suena el timbre y un zapato de 46 de pie asoma por la puerta. Detrás de él dos tacones. El primero sin mediar palabra saca del bosillo una cajetilla de tabaco y se coloca el cigarro en la boca, aplica el encendedor y se sienta en la silla. Todo a plomo. La mujer con un tembleque de cojones en las piernas hace lo mismo. Si ella tiene 26 años, su corazón late el triple. Por lo menos. Pero sigue leyendo, la tuerca puede girar.

Nuestro querido Apolo tiene la cara desencajada. Los ojos del muchacho no valen ni para llavero. Se lo van a follar vivo. No puede articular palabra, nunca ha hecho una entrevista de trabajo. ¿Qué mierdas harías tú? El caso ha sido que alguien ha llegado a tu oficina a pedirte trabajo y el tipo se ha encendido un pitillo sin permiso, ha dejado caer los 90 kilos sobre la silla, y con las pupilas clavadas en las tuyas ha afirmado:

-Aquí se puede fumar no?

Apolo asiente sin poder cerrar la mandíbula. Todavía le falta alguna muela del juicio, tal vez pasarlas putas en otra vida anterior para quitarse de encima ese escenario de buena persona. Salir arremangado lo antes posible. El puro se apaga por que no absorbe. Le acompaña una boca seca. ¿Qué se creía? Si quieres disfrutar de unos minutos de gloria sentado en la silla de cuero tienes que mamar mucho. Pero a él se lo acaban de follar. Ni el hombre ni la mujer tienen que sacar papeles. Tampoco van a realizar una disputa por este empleo. ¡Vamos Apolo, tu puedes!. Pídeles el currículum. Recita en voz alta la calderilla que vas a pagarles cuando terminen de repartir las veinte cajas publicitarias. Antes de que abras la boca esas mariposas van a reventar en tu estómago.

Nuestra Sharon Stone acaba de cruzar las piernas: – ¿y qué penalización tendría si tiro 500 flayers por la alcantarilla? ¿Me lo descuentas de la parte proporcional al dinero negro que vas meterme en el escote? Por que… ¿mi escote si que lo ves no?

Nuestro hombre asiente: – yo creo que no. Por cierto, a esta monada de despacho le sobra el olor a nenuco. Y vaya con el cactus que tengo al lado, se le parece mucho al que tenía mi antiguo jefe en su madriguera, claro que este tiene mejor pinta, el otro acabó marchitándose. Saqué la polla delante de aquel hijo de puta y lo meé entero.

-Dame a mi un cigarro también, porfis. –dice la mujer.

El hombretón de casi dos metros rebusca con dos dedos un cigarro de Winston.

-¿Quieres otro? -le pregunta al jefecillo.

Apolo saca de la mesa dos hojas, un bolígrafo Bic y un Zippo. La mano le baila como un diente de leche a medio arrancar. Sigilosamente deslizar la mano horizontalmente hacia la boca de ella. Sigue encendido el mechero pero por poco. Casi un milagro diría yo. Y para acompañar la plácida mañana de los tres púgiles, observo en mi mente que un rayo de sol de casi dos metros de ancho ilumina los dos cuerpos. El del hombrecillo con el puro apagado se queda sin golosinas.

Una bocanada de aire grisáceo dibuja un corazón sobre la cara de gilipollas del chico. Sharon entreabre la boca y saca a pasear su lengua. Han bastado dos segundos para humeder la comisura de sus labios, pero solo 30 restantes para que el jefe formulara la pregunta más estúpida:

-Este sudor que tengo en la frente, ¿ha sido por follar o por haberme follado?

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