Escritoreando

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Fábrica de besos

Son las 10:00 en punto de la mañana. Levanta la mirada en frente de un retrovisor de un peugeot 407. La gomina está intacta. Quiere dejar el trato cerrado. Las malas lenguas le han recomendado esta pequeña inmobiliaria que tiene a cinco metros. Se rumorea que allí trabaja la mejor comercial de todo el país. Los dedos acarician la manivela de la puerta pero no consigue abrirla.

“Está cerrado joder, iré a tomar un café”. -piensa él. En el mismo instante de dar un paso hacia delante el sonido de unas llaves abarca los dos tímpanos de Fher.

– ¿Buscabas informacion sobre inmuebles? – dice una voz femenina.
– En realidad no, soy comercial de equipamiento para empresas y oficinas. ¿está por aquí el gerente de la inmobiliaria?. – responde con picardía él.
La mujer sin dejar de mirarle a los ojos y sin titubear responde:
– No, el gerente no se encuentra en estos momentos, pero bueno, tu ofréceme y ya veremos. He de decirte que no dispongo de todo el tiempo del mundo. -deja caer en astucia la dama.

Tras diez minutos de conversación Fher aprieta el gatillo con una única bala incrustada en la lengua. Este sujeto que, por el momento omito describirle físicamente, está lejos de preguntarle a Lucía si tiene pareja, amante, amigo o marido. Él sabe que hay preguntas típicas que no resuelven nada, si no que manchan la almohada con sucios remordimientos. Coincidamos con esto en que un empotrador nunca pregunta por las relaciones sentimentales. Empotra. Punto. Fher seduce hasta el mismísimo Casanova.

– Ahora que te he ofertado estos tres productos supongo que no te importará comentárselo a tu jefe. Quizá si cerráramos una compra yo podría decirle a un amigo que se pase por aquí. Ya sabes, hay sonrisas que merecen ser recordadas, y otras expuestas en un cuadro junto al recibidor de un chalet valorado en dos millones de euros.

– Bueno… en el diccionario se apilan muchos sinónimos y todos válidos para dar el consentimiento, pero aquí los tratos los cierro yo. – susurra con voz sensual la mujer.

– Cierto.  Soy de los que opinan que una buena comercial tiene que seducir la mente para después desplumar el bolsillo. – responde Fher con una sonrisa a media asta.
– ¿Y yo seduczco más que vendo? – vuelve a responder Lucía.
– Tu seduces sin mas convencimiento que la mirada. -contesta Fher.
– ¿Y mi mirada se traduce en…? -suelta ella con el bolígrafo en dentro de la boca.

El hombre en ese momento le coge de la mano. El tacto lo definen como un hombre rudo y atractivo. Lucía lo nota, lo sabe. Con el dedo de ella apuntando hacia el rostro del vendedor lo acerca y invita a ella a terminar el recorrido. Abre la boca y sin titubear mete el dedo índice dentro de ella. Se miran fijamente. Lucía nota la llema del dedo mojado, el tacto de un líquido quiere hacer magia y sustituirlo por una trituradora de miedos.

Doce segundos duró aquel interruptor del deseo y convertido en dedo. Un puto interruptor que no dispone de paro. El intenso aire a fragancia que sale de los dos cuellos intuyó que algo venía sin avisar. El tacón de la mujer se apoyó en la silla de Fher y con la punta rozó su entrepierna. Como testigo queda un espasmo que recorrió toda la jodida espina dorsal y los ojos medio en blanco. Dejémonos de tonterías. Rozó la polla por encima del pantalón. Aquel zapato parecía tener vida y de un nervio que conectaba con el cerebro de Lucía. El troco de carne quería emerger desde las profundidades pero no podía. Aquel juguete medio levantado estaba dando señales de socorro, igual que un marinero cuando alza la bengala que posíblemente le salve la vida. Pero ella no quería socorrerlo todavía. La seductora tenía el botón en la mano y la soga en la punta del pie.

Fher dejó escapar un gruñido. Gemidos provocados por una loba en la que su convicción de experta la lleva a tener todo el stock de posibilidades bajo llave. Se intuye una puta follada de cojones. Se rumorea que ella va a chillar como una perra en celo, y que a él lo va a utilizar a su antojo. Pero como dijo un tal señor Lobo: no empezemos a chuparnos las pollas todavía.

Lucía tiene el dedo mojado en saliva del macho. Sin dejar de mirarlo se acerca hasta que la distancia entre su boca y la del varón es de exactamente 8 centrímetros. Se miran y él no le queda otra escapatoria que la de tragar saliva. Ese momento queda inmortalizado. No hay máquina para volver atrás. Fher está jodido. Ella abre su boca y retrocede en el tiempo, instroduce su dedo en la boca para tomar el aperitivo. ¿Todavía se miran? Si. Lo saborea sin mucho detenimiento a la vez que piensa “no me sorprende que yo sea la jefa hijo de la gran puta”. A continuación deslizar el dedo y en un abrir y cerrar de ojos el dedo está apoyado de manera vertical sobre los labios del macho.

Todo estaba planeado en la división antómica de su cerebro. Una misión escalofriante y placentera parecía terminar como ella quería. Pero será así. Ha cometido un error. Nuestro atractivo hombre de negocios sabe que nunca estará a la par que una inteligencia femenina, porque una dama está cada segundo valorando la situación. Aún así, durante años y años en la vida profesional de Fher, ha coleccionado mentiras sin etiquetas,  y por ello tiene aprendido que una secuencia visual marca el camino a seguir. Ese error Lucia!… ese error. Los labios se encuentran secos y significa dos cosas, falta de líquido en el cuerpo o estar bajo una situación de pulsaciones altas. La primera vez que el cachorro ha entrado por la puerta ha observado como la comercial tenía una botella de agua pegada a la pata de la mesa. Eso significa que una botella de dos litros solo la compran personas que ingieren grandes cantidades de h2O. Sed de algo que activa la mente hasta llevarlo a niveles inimaginados.

Fher saca el brazo y lo coloca en el cuello de ella, suave pero firme, sin presionar pero con conviccion. Deja entreabierta la boca y en ese momento las dos lenguas se juntan. Los circulos viciosos se descontrolan en un huracán. Dos plácidos y hábiles músculos. La hembra aguanta diez segundos de bucle hasta que con las dos manos se abre el escote.

– Mmmm, habías dicho algo de recomendar una casa, un chalet… algo entre unas montañas, no?

Fher se levanta y directamente dando un paso hacia adelante coge a Lucía y le da la vuelta. Ella queda sin espacio para ver la cara del hombre. El guaperas vuelve a meter un dedo en la boca de ella y con la otra mano va bajando por el escote. No sabe lo que busca pero lo encontrará. Es cuestión de tiempo que lleguen a conectar y a ponerse de acuerdo. ¿Apostamos algo?

Con la mano abierta abarca un pecho. La dama gira la cara para poder ver el estado de excitacion de él. Ahora si, ahora acaba de empezar el guarreo entre los dos. Terminemos con la forma elegante de decir las cosas. Llega un momento en la vida de toda persona en el que se valora más el tiempo que cualquier otra cosa. Hay que ahorrar, y es por ello que cambiaremos la frase “hacer el amor” por EMPOTRAR.

La parejita va dando lengüetazos y se están besando de la manera más cerda que hayamos imaginado. Esta forma excitante de jugueteo, osea, el puto beso quedarán entre ella, él, su polla y la entrepierna que está chorreando como si fuese una jodida perra.

– Lo que quiero es que mi polla inspeccione esas dos montañas, que todavía no tengo claro si el chalet debería de estar en ese lugar. -susurra Fher mientras le besa.

De repente Lucía se da la vuelta y algo ocurre nuevamente. Una zancadilla de la hembra deja al hombre en el suelo, sin saber que ocurre y con la mirada hacia arriba. En los menos de 10 segundos que ha durado el estado de sock del macho, el coño de la dominante está en su boca. Así que la situación es fàcil. Ella está de cuclillas sobre él. La fémina coge las manos de Fher y las pone en su culo. La lengua va haciendo eses en su clitoris. Lucia chorrea de forma constante. La pintura transparente cae por los dos lados del tejado invertido, pero la brocha no para de darle combinaciones de placer al mismo tiempo. Esto es una comida de coño ostia!. Quiere todo de ella. Los movimientos son circulares pero sabe combinarlo con algunos perperdinculares. Ella jadea. Cuando él nota que la situación solo puede ir a mejor, con las dos manos le proporciona dos cachetadas en el culo para hacerla mover como si fuese un columpio, sin más punto de apoyo que su lengua. Lucía empieza a balancerase hasta que nota que se corre.

Las convulsiones están cerca y Fher lo sabe. Saca la lengua y la mira. Se frena. El reloj se queda sin pilas. Ella se muerde los labios y dice en alto: – no pares cabrón. Nuestro hombre mete la lengua en la boca de ella durante medio minuto. Como besa el hijo de puta. Es una máquina de tactos lascivos.

– Estoy pensando en retroceder en el tiempo. Así que así lo haré – dice convencido Fher.

Se vuelve a tumbar en el suelo y abriendo la bragueta saca la polla. La punta está reluciente y brilla. Todo el líquido preseminal ha mojado medio tronco. Pero ella todavía no puede saber eso. Está hipnotizada. Tras una embestida mete la polla casi a palpón, como un niño cuando al despertarse busca el móvil de su mesita y lo agarra a la primera. Sin fallo. Con las manos sujeta el culo  de ella y en la misma posición de sentadillas le embiste como un lobo. Este animal no tiene que perder nada. El chapoteo se escucha haciendo eco en toda la sala y lleva en bolandas los gemidos de los dos.

Después de 598 penetraciones exactamente el hombre levanta a Lucía y quedándose tendida en la mesa. Las piernas en su cuello. No aguantarán mucho. Ella menos. Con el rabo en la mano empieza a rozarlo con el clitoris que pide convulsionar. Joder eso. Quiere tener un espasmo. Introduce la pistola de orgasmos y acercándose con el cuerpo arqueado a su boca vuelve a meter la lengua. Se la chupa, la lame, la saborea. El unísono de la puta corrida está a punto de venir, aunque nadie se imagina lo que Lucía tiene preparado para él.

El tiempo se para. Nuestros protagonistas van por la mitad del orgasmo. En el mismo instante en el que él y ella se están corriendo, la comercial saca un papel y un boli y lo coloca en su pecho. La cara desencajada de Fher se traduce en una ostia en toda regla.
– ¿Esto que es cabrona? -pregunta él con el cuerpo lleno de sudor.
– Esto es el despido. Detrás de toda empresa que supera los 600 trabajadores, hay una ley que dice, que más de dos eslabones nunca se llegan a conocer en persona. Soy jefa. Las cámaras de seguridad han grabado el polvo. Si alguien de los dos abre la boca, este contrato de confidencialidad me servirá de aval.

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