Escritoreando

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Memoria selectiva.

¡Riiiiing, riiiiing!

—Buenos días, ¿le puedo ayudar en algo? —dice con voz estupefacta el tele operador de telefonía.

—¡Y tanto que me puedes ayudar! —responde Iñaki mientras escupe dos cáscaras de pipas.

—Dígame entonces caballero —vuelve a contestar el trabajador.

—¿Te acuerdas de la última vez que hablamos? —pregunta Iñaki.

—¿Perdone?

—Si, es que mi hijo parece que se ha comido la poca paciencia que tenía. Le llamo a usted por eso, ya que él no me quiere escuchar.

—Oiga, si esto es una broma, espero que termine pronto o tendré que colgar. —suelta el interlocutor.

—De broma nada, ¿o tú no te acuerdas lo que cenaste anoche? —vuelve a preguntar Iñaki.

—¿Tiene alguna incidencia con el router, su smartphone o la televisión?

—Y tanto que la tengo!, ahora resulta que abro el Wol, o Wors, o Warls y no me aparecen las mayúsculas.

—Entonces dígame cuál es el motivo principal por el que ha realizado la llamada al servicio técnico… Word señor, Microsoft Word! —contesta cabreado el telefonista.

—Me toca las narices si es Word o Warls, la cuestión es que me has entendido perfectamente. Otro que tiene memoria selectiva. —responder con ironía Iñaki.

—Vamos a ver, buen hombre. Cuando una persona se pone en contacto con un servicio técnico es porque existe algún problema relacionado con alguno de sus productos, y que para solucionarla hacen falta unos conocimientos superiores a los que tiene una persona normal, ¿entiende? —el teleoperador pregunta al borde del infarto—, aquí no se viene con preguntas sobre cómo cambiar el tamaño de la fuente… ¿me explico bien ó usted está sordo?.

—Otro como mi hijo, que tiene memoria selectiva, ¿pero qué fuente ni que niño muerto? —dice Iñaki.

—!Me cago en tu calabera! Ni memoria selectiva ni ostias! ¿Me quiere decir para qué ha descolgado el teléfono y nos ha llamado, coño?

—No tengo ningún problema en decírselo. De hecho, le creía más inteligente. Usted tendría que haberlo adivinado ya, pero veo que su jefe no ha seleccionado muy bien el personal que tiene en plantilla.

—Mire, no tengo tiempo para tonterías. Esta es la última vez que le pregunto. ¿Le puedo ayudar en algo?

—Ya lo hace amigo. —contesta Iñaki.

—¿Cómo que ya lo hago? —pregunta el tele operador.

—Exacto. Hay momentos en la vida en los cuales ya no necesitamos escuchar, sino todo lo contrario, ser escuchados. Así que últimamente me dedico a tener una memoria selectiva con el objetivo de tener que preguntarlo todo. -Iñaki responde.

—O sea que usted llama aquí para desahogarse. ¿Sabe que le digo? —vuelve a preguntar el trabajador telefónico.

—Dime campeón. —contesta Iñaki.

—La última vez que se midió la polla, ¿le faltaba algún centímetro ó le sobraba? —continua el telefonista.

—Vete a freír espárragos!

—Entonces, ¿mañana a la misma hora? —pregunta el tele operador.

—Perfecto.

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