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Pon un Risto Mejide

No quiero falsas alabanzas. Quiero la verdad absoluta, y cuanto menos subjetiva sea mejor. Ya me cansé de adivinar por mi mismo si aquellos ojos se escondían tras un par de piropos vomitivos. Estoy convencido de que las palmaditas en la espalda fueron pan para hoy y hambre para mañana. Si campeón, tú también saldrás ileso de un campo repleto de minas, pero dos veces no. El león no va a dejarte vivo solo porque seas buena persona. Exactamente eso es lo que dice el dicho. Moraleja, se honesto contigo. Pon un Risto Mejide en tu vida. Hazte un flaco favor o los seres andantes se encargarán de darte las ostias que necesites.

Mamá y papá hace mucho que dejaron de plantar flores y optaron por no volver a limpiar aquel espejo de Blancanieves. Pero claro, ¿cómo explicarte que el listón con el cual el pediatra medía a los niños estuvo condicionado por el aplauso de sus progenitores? La sentencia que determina si eres apto o no la valora el crítico, y el crítico somos todos. Sin excepción. La bofetada de la sociedad. Y te darás cuenta de que todas las fotografías que has tomado con tu cámara réflex en el modo automático no son más que abono para el huerto. En pocos días querrás contratar a Steve Urkel y meterte en su máquina del tiempo. No, no servirá de nada campeón. La familia Adams acaba de contratarte como reportero para la boda de “tío Fétido” y seguramente sea el reportaje más caro de la historia. A Miércoles se la suda lo viral que se haga tu trabajo. Aquí se come si se caza. Una vez estés delante de la pantalla del ordenador te aseguro que las piernas van a temblar, y entonces querrás sacar tu smartphone y mandar por WhatSapp a todos tus contactos esas fotos chapuceras para tantear un veredicto previo. Pregúntalo al revés. ¿Por qué no poner un Risto Mejide en tu vida? Haz la prueba. Te basta con imprimir diez de esas mil fotografías e ir a casa de tu grupo de chupipandis. Mírales a los ojos y pregúntales, ¿oye, tú pagarías por esto?

—No. ¿En serio alguien se gana la vida con estas mierdas? —contestaría tu mejor amiguita.

Pon un Risto Mejide en tu vida. Cuanto antes mejor. ¿Crees que el cirujano que acaba de salvar una vida le importa tres cojones los “me gusta” de tus redes sociales? Pues a los familiares de él tampoco. Ellos saben que la profesionalidad en su trabajo es el cómputo de personalidad, dedicación y conocimientos, nunca de los cánones impuestos por el perdón de la sociedad.

Pon un Risto Mejide en tu vida. Los zascas en la boca. Yo, por todos mis compañeros y por mí el primero. La peluquera que acaba de fracasar después de cinco meses con negocio propio le sigue echando la culpa al poco criterio que tiene su barrio para valorar sus cortes de pelo. Se ve que de los 45.000 seguidores que tenía en Instagram no salió ni uno contento de tu guarida. ¡A joder! Esto es otro gallo pero sin pelos en la lengua.

Pon un Risto Mejide en tu vida. Solo me hace falta encender la televisión y comprender que estos reality shows de moda en los que se ridiculiza al individuo son solo un espejo de la realidad en la que vivimos. Claro… ahora la culpa la tiene un señor que es el único que se atreve a decir a la cara algo decente y realista.

En definitiva. Ponte las pilas. Estudia, disfruta y ama lo que haces. Pero por favor… si piensas hacer de tu hobby un trabajo, ya puedes poner un Risto Mejide en tu vida.

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2 thoughts on “Pon un Risto Mejide

  1. Además de un Risto Mejide, yo añadiría un espejo bien grande por eso del amor propio y una vuelta en el cementerio quizá, para no olvidar aquello de que nadie es más que nadie.
    Últimamente la vida se basa en los likes, en las visualizaciones de stories (Ya que lo del tick azul es una moda pasada) y en el total de whatsaap recibidos y capturas de pantalla enviadas, al final del día.
    Hemos olvidado lo importante, aquello que no se puede compartir en una red social, porque para ello hay que vivir; Los sentimientos.
    No me catalogo de diferente, cuanto menos me creo importante, tan solo soy una vida más que estoy aquí para disfrutar y tomarse la vida con humor, mientras pienso en el tutú de mi próximo disfraz.
    Aunque quizá algún día esta sociedad no tenga criterios de vestimenta se desajusten las corbatas y mi tutú deje de ser un disfraz y lo use para ir a las reuniones de centrales de compras, ya que las faldas de tubo a veces no me dejan respirar por eso de haber cogido unos ¨kilitos de más¨jajaja
    Grande entrada, tus letras me resultan admirables.

    1. Esa visión que tienes por la vida te hace admirable. Es más, te aseguro que los pocos lectores que dispongo y vean tu comentario, van a ir hacia tu espacio como si fuese un ritual de guerra. El tutú engancha. No se lo que tiene y siempre tengo que leerte.

      La sociedad como bien dices, está llena de prejuicios. Lo más grave de todo es que nos conformamos con lo que vemos y actuamos así porque nadie se queja de lo contrario. Es decir, lo asimilo como ver una película doblada al castellano. Si la película está bien doblada no ocurre nada, pero como tenga un fallo ya tiramos por tierra a ese doblador de mierda que nos acaba de amargar la vida, justo cuando el seductor iba a soltar una frase ingeniosa. Con esto ocurre lo mismo. Me gustaría vivir lo actual con pinceladas de años atrás. Muchísimas gracias por pasarte, ya lo sabes. Bienvenida siempre que quieras. Mil besazos. Agur.

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